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Pues sí, sigo sintiéndome terriblemente mal. Terminó hace ya casi dos meses y aún me duele como en los primeros días. A veces se me olvida, con el trabajo. Pero cuando me acuerdo, lo hago en el peor momento: antes de ir a dormir.

Te extraño, mucho.

Me duele porque no puedo odiarte, aunque a veces quiera creer que sí. Es patético porque mientras tú estás en medio del viaje más grande de tu vida, disfrutando y aprendiendo tanto, yo vivo aquí pensándote.

Dudo que vengas a buscarme de nuevo; sería estúpido pensar que lo harás.

Deseo tanto que tu recuerdo deje de doler…

9

"Poema del olvido", de José Ángel Buesa

Viendo pasar las nubes fue pasando la vida,
y tú, como una nube, pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu corazón y el mío,
como se van uniendo los bordes de una herida. 
Los últimos ensueños y las primeras canas
entristecen de sombra todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida son como estrellas,
pues pueden verse juntas, estando tan lejanas... 
Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita,
nos da una sed más honda que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de poder olvidar... 
Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar.


Es tan difícil olvidar.. A veces no puedo. Otras no quiero.

8

Por todo el cariño y todo el amor que te tengo, te voy a esperar.

7

Lo siento.

Aún sigo desconcertada por lo que acaba de suceder. No quiero que creas que soy una enferma mental que necesita saber cada movimiento tuyo, porque no, no es el caso. Lo que menos quiero es que te sientas asfixiado. Siempre te he dado tu espacio y así seguirá siendo, porque te respeto. Sin embargo, no entiendo por qué de pronto dejo de saber de ti. Creí que teníamos planes para hoy, y que me confirmarías la hora en que pasarías por mí.

Y volvemos a lo mismo: poco a poco estás alejándote. ¿Qué crees que no me doy cuenta?

De pronto me encuentro con que sales de la ciudad, sin avisar. No tengo idea de cuándo regresas, vaya, ni siquiera sé si estás bien. Espero que sí.

Debes saber que esas palabras fueron causadas, por una parte, por ese aparente desinterés tuyo, y por otra, por el dolor físico insoportable que desde hace un par de días me aqueja. Bien dicen que el dolor nos hace tomar malas decisiones. Discúlpame.

Si acaso quieres buscarme, ya sabes dónde encontrarme.

6

Lo peor de sentir que algo anda mal es no saber por qué.

Me pasa seguido, ¿sabes? Y hoy no es la excepción. Últimamente te he sentido, digamos, un tanto extraño. Como que cada vez te alejas un poquito más. Como si el salir conmigo representara para ti más un compromiso que un gusto. Siento, también, que hay algo contigo que no está del todo bien.

¿Qué pasa?

¿Conociste a alguien más? ¿Alguien mejor que yo? ¿Te aburriste de mí, por mi forma a veces infantil de ser?

No contestas mis mensajes, no sé nada de ti y cuando te pregunto respondes vagamente. ¿Qué sucede?

¿Sabes qué es lo peor? Que en este tipo de sentimientos extraños no suelo equivocarme. Sé que algo pasa, que algo está mal y no me lo quieres decir.

Yo te quiero, te admiro y me siento muy orgullosa de ti, pero no puedo obligarte a quererme. Sin embargo, estoy en todo mi derecho de saber qué es lo que está mal.

5

Tengo tantas cosas que decirte. Muchísimas. No me atrevo a hacerlo de frente (aún, pero lo prometo), por eso las escribo aquí.

Estoy segura de que haberte encontrado no fue mera casualidad, pero agradezco que eso sucediera. Y es que después de todo lo que he vivido a tu lado, comprendo que cada decepción valió la pena, porque al fin puedo decir que he encontrado en ti lo que siempre busqué, sin temor a equivocarme. 
Y eres mucho más que eso. Rebasaste mis expectativas; no tengo duda de cuánto me quieres. Y para serte sincera, me gusta soñar que esto será un "para siempre".

Te quiero tanto.

4


Antes que nada, debo confesar que a veces escribo las cosas que me cuesta trabajo decir de frente, por eso esta nota (no por cursi). Aunque tampoco lo hago tan seguido.

Empiezo.

Un día te dije lo feliz que me sentía por ti, por tu nuevo trabajo, ¿recuerdas? Bueno, no sólo eso, también orgullosa. Si algo puedo decirte, es que te admiro.

Bien dicen que lo que vale la pena implica sacrificar ciertas cosas. En este caso, supongo que serán algunos fines de semana juntos, o las salidas entre semana, no sé. No importa, podremos con ello.

Te quiero.

3

Fue mucho más que increíble despertar y verte a mi lado. Dormir abrazada a ti y de vez en cuando esos pequeños besos en la madrugada me hicieron quererte a cada momento un poquito más. Tú sabes de sobra las razones por las cuales esos días lejos fueron tan especiales.
Debo confesar que se me hizo un nudo en la garganta cuando me dijiste que esperarías a que yo dejara de tener miedo, y que no harías nada que yo no quisiera. Y a la fecha. Lo recuerdo y vuelvo a tener esa sensación. Nunca nadie había comprendido de tal manera mi miedo, y no te imaginas cuán especial me hiciste sentir.

Pasé los mejores tres días en mucho tiempo, contigo. Pensé que bromeabas cuando me preguntaste si podías acompañarme, pero también pensé "¿por qué no? Sería lindo". Y mira, no me equivoqué.

2

Será tan increíble despertar y verte a mi lado.
Te quiero.

1

La de hoy fue una tarde especial, como todas las que, hasta ahora, he pasado con él. Sin embargo, fue distinta por motivos muy especiales; lo imaginé desde el momento en que empecé a contarle ciertos pasajes que desde hace un tiempo decidí reservarme sólo para mí. Lo que no imaginé era hasta dónde llegaría, y la medida en que la nostalgia me iba a golpear. Qué bueno que no me vio llorar la primera vez. En la segunda fue inevitable, pero la forma de tomarme entre sus brazos me hizo sentir especialmente tranquila, como si por dentro me dijera que no me dejaría nunca.

Entre besos, caricias suaves y un par de confesiones transcurrió el resto de nuestra tarde, en su recámara. La luz tenue de la calle hizo todo aún más especial. Ambos sabíamos que, en algún momento, tendríamos que regresar. Me sorprendió que me pidiera quedarme con él. Y me sorprendió aún más cuando me preguntó si podría ir conmigo al viaje que estoy planeando. Por supuesto que acepté, feliz.

No sé qué sucederá después; no quiero adelantarme a pensar nada que pudiera no ser posible, aunque es inevitable esbozar de repente alguna de esas sonrisas de las que tanto me quejaba. Porque recuerdo, y me gusta imaginar cosas, y creer que a su debido tiempo, pasarán.





Empiezo a quererle.