Hoy tenía ganas de llorar. Pero esta vez fue diferente, porque no fue de tristeza; más bien fue por sentir una especie de satisfacción. A pesar de lo difíciles que han sido estos días, al fin me he dado cuenta de que tengo más razones por las cuales sonreír. Redescubrí esos talentos que dejé en el olvido, y consideré que puedo refugiarme en mi trabajo, en mi carrera, para olvidar lo que me abruma. No tendría por qué afectarme "tanto", y no tendría que permear en lo que me gusta hacer; no sé en qué momento perdí esto de vista.
Mi maestra me dijo varias cosas que decidí tomar como palabras de aliento, como incentivo para no dejarme vencer. Y vaya que están sirviendo. Al observar todo esto con detenimiento, pude notar que, dentro de lo que cabe, las cosas no están tan mal. Digo, sí, me llevé la decepción más grande de mi vida (gracias, papá), pero esta satisfacción de mi redescubrimiento me hace sentir invencible de nuevo. Al fin y al cabo, era lo que quería.