Ya empieza a hacer frío, prometo que ya me voy a dormir.

Ayer fue el cumpleaños de mi papá. Lo sabía desde hace días, aunque no sabía exactamente cómo me iba a comportar: si indiferente, fingir demencia, o amable. Opté por la última. Vamos, ésa fue una de las razones por las que me fui a la playa sola hace unos meses. Para olvidar todo lo doloroso que había sucedido. Que me decepcionó, sí, pero eso fue en su momento, ya pasó. No por eso dejaría de ser mi papá.

En fin.

Lo acompañé a desayunar, más que nada motivada por la compañía que seguramente anhela tanto, y porque yo también lo extraño. Hace mucho que no salía con él. Fue bastante bueno.



Te quiero mucho, papá.