No me gusta.
No me gusta. No me gusta. No me gusta. No me gusta.
Me quejo todo el tiempo de lo que no me gusta y ayer recibí mi karma: en clase tuvimos que improvisar un discurso de 5 minutos sobre lo que más nos gusta en la vida (palabras del profesor, tal cual). Karma, porque he dedicado tanto tiempo en pensar sobre todo lo que odio; he desperdiciado energías en ello, que por un momento olvidé qué era lo que más me gusta. Y peor aún, que cuando por fin había encontrado algo entre los recuerdos, ¡tenía que pasar un cualquiera a hablar de eso!
Encontré muchas cosas, unas muy obvias.
Caminar por la playa.
La fotografía.
Actuar.
Bailar.
Caminar.
Viajar.
Salir con él.
Dormir.
Absolution.
Idiomas.
Programación.
Editorial.
Web.
Y entonces recordé por qué me gustaban tanto.
Porque me hacían sentir plena, feliz.
No debería existir otra cosa más que eso.