Entonces me encontré en la playa, mirando al infinito. Agua salada sin fin. Y comprendí que mis lágrimas no eran más que simples gotas perdidas, que tal vez al anochecer se convertirían en estrellas de mar. Sentí cómo las olas entre mis piernas se llevaban toda mi tristeza.
Al día siguiente, supe que todo estaría bien; que todo había sido, sin embargo, sólo un mal sueño.